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Full text of ""Ataques" contra la muralla de Madrid en el siglo XVII"

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MERCEDES AGULLÓ Y COBO 



«Ataques» contra la muralla 
de Madrid en el siglo XVII 



MADRID 
19 6 8 



TIRADA APARTE 

DE LOS 

ANALES DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS MADRILEÑOS 

Tomo III 



Depósito legal (Sep.). 4.593.— 1966 (III) 

RAYCAR, S. A. impresores. Matilde Hernández, 27. Madrid (19) 



«ATAQUES» CONTRA LA MURALLA DE MADRID 
EN EL SIGLO XVII 

Por Mercedes Agulló y Cobo 



Los recientes «atentados» contra los ya mínimos restos de las murallas 
de Madrid, ponen de actualidad los documentos que a continuación transcri- 
bimos y comentamos. 

La sufrida muralla madrileña, desde el momento que fue decayendo su 
utilidad defensiva, sirvió bien de directo alojamiento a habitantes de la Villa 
o de apoyo para sus casas o, en casos extremos, como «cantera» de material 
utilizable en la construcción de otros edificios. Frente a estos aprovecha- 
mientos de sus naturales y vecinos, el Ayuntamiento hubo de actuar con toda 
energía, si bien el origen de la mayoría de los conflictos surgidos está en la 
venta, concesión o privilegio que la propia Villa venía haciendo a favor de 
unos y otros para que sus murallas sirviesen de morada o de apoyo a las 
casas que se iban construyendo. 

El primero de los documentos a que nos referimos se conserva en el 
Archivo de Villa 1 y en su portada consta: «Murallas. Miguel de ayllon criado 
de su mag. d Caua de s.* fran. co y Callejuela frontera del nungio. La Villa de 
Madrid y su pro. or en su n. e contra Miguel de ayllon portero de Cámara de su 
mag. d sobre El arrimo de dos cassas que tiene arrimadas a los muros de 
esta uj. a la una al hali de la v. a Cava de sS fran. co la otra en la callejuela fron- 
tero del nun.°». 

Es decir, las casas del citado Miguel de Ayllon estaban la una en la actual 
Cava Baja, junto al Peso de la Harina o Alholí de la Villa y la otra frente 
a la calle del Nuncio. 



Signatura: 1. "-203-16. 



El 7 de octubre de 1609, el Licenciado Orive de Vergara solicitó se le 
pagara por las visitas que había realizado «a las gercas torres y murallas 
desta villa e lo hedificado hen ellas y con la piedra que dellas se a quitado 
y le a medido tasado y apreciado por los mexores alarifes desta villa», tarea 
en la que declara haberse ocupado veintitrés días. Pidió ser sustituido en su 
trabajo por tener que ir «a serbir a V. A. en el adelantamiento de castilla». 

El ilustrísimo señor Patriarca aceptó la petición y en su lugar nombró 
al Licenciado Juan de Lariz, el 8 de octubre de aquel mismo año. 

Con el nombramiento de «Juez de comisión de su mag. d para la bisita 
de las gercas torres y murallas y sitio dellas desta b. a y para las casas questan 
linde de las dhas murallas y torres questan hedificadas hen ellas e arrima- 
das», el 14 de octubre, Juan de Lariz, con Fernando Méndez de Ocampo, 
procurador general de la Villa, presentó una petición en la que se acusa 
criminalmente «a todas las personas que por la uisita que... ygo el ligengiado 
oribe de bergara... y los susodichos... de hecho y contra todo derecho y sin 
tener para helio ligengia desta billa an rronpido y deshecho las dhas torres 
torreones y gerca y muralla aprob echándose de la piedra y ladrillo della e 
yncorporando en sus casas el sitio y gueco de las dhas torres y murallas y 
aciendo hen ellas aposentos y cargando sus hedificios hem ellas y ss. e hellas 
en que an hecho grandísimo daño y perjuigio a esta dha billa». 

Añaden los dos comisionados a su petición, la tasación que por encargo 
del Licenciado Orive de Vergara, hicieron «Joachin graxal y miguel de san- 
tana maestros de obras» y solicitan se «mande proceder y proceda contra 
los susodhos... y los mande vmd. condenar y condene en los dhos daños, y 
a que paguen a esta villa los maravedís en la dha tasagion contenidos y a 
que a su costa vuelvan acer y rreparar lo que ansí an quitado y cierren las 
puertas y bentanas que an hecho en la dha muralla y que hen los hedifi- 
gios que sobre hella tienen cargados o a lo menos paguen a esta villa y a 
sus propios su justo balor y los condene en las penas establecidas por de- 
recho...». 

Como se ve, los habitantes madrileños de la muralla no sólo la habían 
utilizado como morada, sino que la habían adaptado a sus necesidades y ca- 
prichos abriendo puertas y ventanas, ocupando las torres y torreones, agre- 
gando a las casas que estaban arrimadas a ella parte de la propia muralla 
de Madrid o derribando y deshaciendo lo que les estorbaba. 

Se copia la tasación de los citados maestros de obras de las dos casas 
pertenecientes a Miguel de Ayllón: 

«Tassacion de la cassa de miguel de ayllon que tiene en la cava de s. 1 fran. co »: 
«f.° 22. cassa de miguel de ayllon portero del consejo tubo todo el testero 

— 2 — 



de la muralla con vn pedaco de muro que rrebuelue treynía pies de ancho y 
treinta y seis de alto que quinge pies de sitio de la medianería de lo que 
arrima y carga monta el sitio y edifigio veinte y nuebe mili y quinientos e 
ochenta mrs. — mas tiene vn paso esta cassa rronpido en la muralla que se 
passa de vna calle a otra que tubo nuebe pies de largo en el grueso de la 
muralla y quatro pies y medio de ancho y siete de alto mas tubo otro pe- 
dago rronpido en la muralla que tiene seis pies de ancho y doge de largo y 
siete de alto y un pedago de queba de seis pies de largo y quatro de ancho 
metido debaxo de la muralla que todo lo dho tasamos en diez y seis mili 
y novegientos e treynta y siete mrs.» 

No se podía hacer más. Miguel de Ayllón, arrima su casa a la muralla, 
la atraviesa de parte a parte, poniendo en comunicación las dos Cavas y 
hace una cueva bajo ella. 

Los mismos maestros de obras, Grajal y Santana, tasaron la otra casa 
de Miguel de Ayllón. 

«Tassagion de la segunda cassa de miguel de ayllón en la cassa que tiene 
frontero del nun.°» 

«f.° 27. Cassa de miguel de ayllón... tiene de ancho diez y siete pies y de alto 
treynta e dos y el todo muralla y sitio y el edifigio lo tasamos en quinge mili 
y seis. y seis mrs. 

«mas tassamos vn caracol questa metido en la muralla que tiene seis pies 
de largo y tres de ancho y diez y nuebe de ancho digo de alto con mas el 
serui. de vn cubo que se sirue del por encima de la muralla todo lo qual 
tasamos en treynta mili y treinta y nuebe mrs.» 

Tampoco se anduvo por las ramas Miguel de Allyón en su casa frente a 
la calle del Nuncio. Al «arrimo» añadió ese caracol de la muralla y ese cubo 
para su uso particular. 

El documento sólo nos habla de las casas que poseía nuestro portero 
de Cámara, pero en él se dice que se hicieron notificaciones a catorce per- 
sonas más con fecha 26 de septiembre de 1609, es decir cuando todavía es- 
taba la inspección a cargo del Licenciado Orive de Vergara. Ocho años más 
tarde, en documento de 27 de abril de 1617, figuran algunos de los nombres 
de los vecinos de Madrid que fueron encausados por arrimar sus casas a las 
murallas. En aquella fecha eran: los herederos de Leonardo de Henao, Juan 
Gutiérrez Castañeda, Alfonsa de Salazar, Miguel de Ayllón, Martina Fernán- 
dez, Diego de Perea, platero, y Pedro Rodríguez, carpintero. 

En contestación a la acusación de Juan de Lariz, Ayllón dice que se le ha 
pedido exhiba los títulos que tiene «por tener abierta vna puerta en vna 
casa que hube de mi padre fran. co lopez de ayllón... en la gerca desta v. a » y 



se defiende con la inocente pretensión de que su padre «no abrió ni aria 
abrir la dha parte sin aber pregedido ligengia desta v. a y entiendo fundo genso 
perpetuo en fabor delta por la dha ragon y esto al tpo. que se abrió para 
incorporar otra casa que tiene en la caba se lo oy dezir muchas dibersas be- 
zes... lo qual no es deperjuicio alguno a la dha gerca y aun se le dio tan 
amplia que como desigiera el cubo que en la dha casa ay con que diera la 
piedra a esta Villa le podría desazer y porque le fuera de mucha costa y 
riesgo de la dha casa no higo mas de solo abrir la dha puerta como tiene 
dho». 

Es decir, la cosa venía de lejos. Ayllón, sin exhibir documento alguno, 
basando su testimonio en su propia palabra, afirma que aún era poco lo 
hecho, que su padre pudo haber tirado cubo y muralla entregando sólo los 
materiales de derribo a la Villa, y que no llegó a hacerlo por su elevado precio 
y porque podía sufrir su posesión con la obra. Y no ve el daño que la muralla 
pueda sufrir con tan cómoda puerta. 

Parece, sin embargo, que el Ayuntamiento no comprendió las buenas ra- 
zones de Ayllón ni creyó en su indocumentada afirmación, por lo que con 
fecha 14 de octubre de 1610, el Licenciado Lariz, vistos los autos y tasación 
de los alarifes «y atento que consta que el dho miguel de ayllón no prouo 
ni alego cosa alguna ni a mostrado recados por donde possea ni tenga la 
digha muralla y aber arrimado a ella», le condenó a que restituyese a la 
Villa lo usurpado de la muralla «con todo lo que esta edificado labrado arri- 
mado a ella», o que pagase los 46.517 maravedís en que fueron tasados daños 
y usurpación o que constituyese censo perpetuo de ellos a razón de 40.000 
maravedís el millar con derecho de veintena cada vez que las partes de las 
cercas y murallas se vendieran. 

A ello se añadió: «y por haberse entrado y arrimado a ellas con el dicho 
ediffigio demás de los susodho», se le condena a pagar 2.000 maravedís «por 
el ynterese e aprouechamiento que a tenido en lo susodho», 1.000 maravedís 
más «de pena aplicados para obras publicas», y otros 1.000 maravedís «para 
salarios y en las costas». 

El 21 de diciembre de aquel mismo año, se dictó sentencia por la ocupa- 
ción y disfrute de la muralla, cubo y caracol añadidos a la casa de Ayllón 
enfrente de la calle del Nuncio, condenándole Lariz a restituir lo ocupado 
o pagar 45.000 maravedís o fundar censo perpetuo con ellos en las mismas 
condiciones que el anterior, y por el aprovechamiento a pagar 400 marave- 
dís y otros 400 «para la cámara de su mag. d y cargos de justigia por mitad», 
más 6 reales de costas procesales. 

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El documento añade: «y cumpliendo con el tenor desta sentencia el di- 
cho miguel de ayllon se quede con el dicho arrimo de la dicha cerca y mu- 
ralla y lo gogen y posean el y sus herederos y subcesores...». 

Con lo cual el problema del mal empleo y progresiva desaparición de la 
muralla, torres y torreones quedaba en pie y sólo aplazado hasta el próximo 
ataque por parte de un nuevo desaprensivo inquilino. 

El escribano notificó la sentencia a Miguel de Ayllón, yendo «a las cas- 
sas de donde solia ser santa catalina de sena a la puerta de balnaduz que 
fuy ynformado viuia alia miguel de ayllon». 

Recurso tras recurso, el proceso se prolongó diez años, hasta 12 de marzo 
de 1619, en que los señores del Consejo de Su Majestad, confirmaron las 
dos sentencias anteriores. Ayllón tendría que pagar 92.171 maravedís, o fun- 
dar el censo perpetuo en las condiciones que se solicitaban y añadir 2.400 
maravedís por el interés y 2.400 para gastos de justicia y salarios. Tras nue- 
vas peticiones y aplazamientos, idas y venidas, se confirmaron las senten- 
cias dictadas con anterioridad y el 6 de junio Miguel de Ayllón salió del 
trance pagando no más de 40.000 maravedís — de los 92.171 en que fue con- 
denado — cantidad que entregó con fecha 19 de aquel mismo mes y año a 
Benito García de Trasmiera, regidor de la Villa y su depositario general, la 
mitad para la Villa y la otra mitad «para la obra de la sala del consexo». 

El segundo de los documentos motivo de este trabajo se halla en el Ar- 
chivo Parroquial de San Justo y Pastor y procede de la Parroquia de San 
Miguel, que durante algún tiempo — cuando aún la de San Justo estaba en 
su primitivo emplazamiento de la calle del Sacramento — estuvo unida a 
aquélla. 

En papel cosido al documento se hace constar: «Diferentes Papeles Per- 
tenecientes a la -fabrica. [Con diferente letra: Sobre derribar la Muralla.] 
Informaz. 071 sobre desacer vna Muralla y Cassa Junto a la Yglessia de san 
Miguel que hera del Liz. á0 fran. co Domínguez Presuit. y se dio auto p. r el 
Bicario en que m. d0 dar tr. d0 a la igl. a y suspender la operación de los Maes- 
tros y alarifes. [Con otra letra: Legajo N.° 4 del Archivo. Num.° 37 del Im- 
bent. »']. 

Se abre con una información iniciada el 9 de julio de 1639 a petición del 
Licenciado Francisco Doménech Domínguez, presbítero, «capellán del con- 
uento real de la encarnagion» , poseedor de una casa frente a la iglesia de 
San Miguel de los Octoes, arrimada a un cubo de la muralla, sobre el que 

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había un cuarto trastero para conservar carbón y otras cosas del servicio 
de la casa, cuarto y cubo que estaban desapareciendo para con su piedra 
hacer parte de la obra del templo cercano y lo restante venderlo en prove- 
cho de la Parroquia. 

La petición del Licenciado Doménech no es, naturalmente, en absoluto 
altruista; no le preocupa el derribo de la muralla y cubo de ella sino el 
daño que le podría acarrear a la casa que poseía arrimada a ellos. 

Doménech presentó en primer lugar como testigo a Mateo de Ribas, pla- 
tero, «que viue en las casas del dho L d0 fran. co domeñen el qual después de 
auerle leydo la pet. on press. da por el susodho y auiendola entendido — dixo 
que este t.° a uisto por el quarto donde biue en la cassa que es del dho L. d0 
fran. co domeñen ques junto a sa mig. 1 de los otoes frente de la ygl. a que por 
mandado del mayordomo della' se a deribado por mandado del suso dho vn 
aposento que seruia de tener carbón y otras cosas para el seruicio del dho 
quarto lo qual estaua encima de vn cubo redondo de la muralla de la villa 
y del dho cubo de muralla se a sacado la piedra q. a sido menester para 
hazer gimientos de la ygl. a de s. miguel y aora quieren acauar de desacer 
el dho cubo de muralla y quitar la piedra de lo qual biene mucho daño y 
perjui (sic) a la dha cassa del dho ll. d0 fran. co domeneh porque si se quitase 
el dho cubo ques de cantería se podría caer la dha cassa porquesta arrimada 
a la dha cantería de muralla de esta v. a y asi lo tiene este t.° como pers. a q. 
uiue en ella y a oydo dezir que el dho L. d0 tiene escrip. a que hizo esta v. a y 
conpra para arimar la dha casa a la dha muralla a que se remite y es la ber- 
dad so cargo del dho juram. t0 y es de edad de mas de cinq. ta a. os y q. la dha 
fabrica de la dha ygl. a la quiere deribar para bender la piedra della y dixo 
no sauer firmar». 

El notario fue Gregorio Carbón de Losa. 

Con la misma fecha, se recibió juramento, «del que se dixo llamar luis 
de Ribera platero q. viue en la dha casa... Su declaración coincide en un todo 
con la del testigo anterior. Era «de edad de mas de v. te a. os y lo firmo». 

Como tercer testigo en esta información comparece el «que se dixo llamar 
manuel de Ribera Platero q. viue en la casa del L. d0 fran. co domeneh Presb. ». 
A lo declarado por los anteriores añade, «aora que no es menester mas pie- 
dra [para la iglesia] ynsiste el mayordomo de la ygl. a de s. miguel de sacar 
mas piedra para benderla y desacer el cubo questa arrimado a la dha cassa» 
y afirma «a uisto las escripturas de la compra que se hizo a la billa para 
arrimar la dha cassa a la muralla». Y «dixo ser de edad de mas de v. u y 
ginco a. os ». 

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Tras la declaración de estos testigos, con la misma fecha de 9 de julio 
se dictó auto en el que se dice: 

«... visto por el sr. L. dfí lorengo de yturricarra bic.° g} de la dha v. a lo 
pedido por el L d0 fran. co domeneh dominguez Presb." y la ynform." n por su 
parte dada — dixo que mandaua y mando se notifiq. al cura y su tenente de 
la ygl. a Parroql. de s. miguel beneficiados y demás clérigos della y a el ma- 
yordomo de la dha yglesia no prosigan en socauar y sacar piedra de la casa 
del dho L d0 fran. co domeneh y cubo questa arrimado a la muralla del y cesen 
en lo suso dho sin pasar adelante en manera alguna lo qual cunplan so pena 
de ex. on mayor trina canónica monitione en dr.° premissa late sententie en 
que incuran lo contrario haciendo en birtud deste auto que sirua de man- 
dam. t0 ¡I so la qual m. d0 que ningún maestro de obras aluanil ofigial o can- 
tero o peón no saquen piedra ni tierra de la dha parte ni trabajen en ello 
en manera alguna y con apercibim. 10 q. se progeda contra el reuelde por 
todo rigor de dr.° = y mando dar treslado de la dem da ynform. on y autos 
hechos al dho cura beneficiados y mayordomo de la dha ygl. a para que den- 
tro de segundo dia aleguen si tienen q. en rragon de lo susodho con citación 
de autos y señalan. 10 de estrados en forma y asi lo proueyendo y firmo, li- 
cen. d0 lorengo de jturrigarra». 

Es lástima que no se conserve más documentación sobre este caso, ya 
que la copia de los documentos de venta y autorización del Ayuntamiento 
al Licenciado Doménech nos permitirían conocer las condiciones que el Con- 
cejo madrileño ponía para otorgar estos permisos y las alegaciones de la 
parroquia de San Miguel para emplear en la reparación de los cimientos 
de su iglesia parte de la muralla madrileña. 

Otro «ataque» se había perpetrado unos meses antes en otro sector de 
nuestra muralla y sus detalles están recogidos en documento del Archivo 
de Villa 2 . 

Don Juan Ramírez Freile y Arellano, en aquella fecha Corregidor de Ma- 
drid, informa en 20 de abril que había llegado a su noticia «que la muralla 
de la puerta cerrada de mano yzquierda como se va a la puente segouiana 
donde hera aloxeria esta con mucho rriesgo y peligro por hauer hecho cuebas 
los veginos de ella y por ser el tpo riguroso por las grandes aguas necesita 
de remedio». 



2 Signatura: l. a -204-3. 

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El peligro para la muralla viene una vez más del desconsiderado uso que 
los madrileños, que habían hecho de ella su morada, hacían del patrimonio 
de la Villa. En el lugar que nos ocupa estaban establecidas una alojería y con- 
fitería y una taberna, y ambos inquilinos habían hecho en los sótanos de sus 
casas-muralla cuevas o almacenes para sus productos. 

El Corregidor Ramírez Freile y Arellano ordenó a Cristóbal de Aguilera, 
Alarife de la Villa, que realizase un reconocimiento e informase. 

El 23 de abril se le notificó a Aguilera, el cual dijo que había visto la 
muralla, «y que se esta cayendo la mitad della agia la parte de las casas 
que miran a la fuente que son la casa y taberna y que si no se bate al suelo 
la muralla sucederá vna gran desgracia sobre las dhas casas y jente que 
biue en ellas y esto a procedido del agua del arca de la fuente principal que 
llaman de la puerta Qerrada avnque es berdad que si las cueuas que están 
deuajo de las casas tienda y taberna no estubiera no vbiera sugedido las 
quiebras y ruinas de la muralla y las que an sobrebenido en el arca del agua 
y cañerías della y si siruiendose v. md. le parege se puede batir la muralla luego 
al suelo para que gese el daño y no sugeda alguna desgragia como esta para 
ello y el gasto de la jente que asistiere agerla batir al suelo puede ser por 
quenta del dueño de las casas de la dha tienda y taberna y la confitería...» Fir- 
ma: «xp°bal de agüera». 

Es decir, en este caso, el peligro y el daño eran mayores — hasta el ex- 
tremo de solicitar el alarife que se derribase para evitar desgracias mayores — 
y agravado por la existencia del arca de agua de la fuente que se alzaba en 
Puerta Cerrada, fuente «de maravillosa hechura, con diez y seis caños... en 
alabastro fino, jaspes y bronce sobredorado, con escudos de armas reales 
y de la Villa, y por remate, una figura de finísimo alabastro y de extremado 
arte y proporción», como la describe Jerónimo de Quintana 3 . 

Para mayor seguridad en la determinación a adoptar, el Corregidor, el 27 
de abril, ordenó viese la declaración de Aguilera e informase de nuevo Jeró- 
nimo Fernández Hurtado, maestro de obras y también alarife de la Villa. 

Con fecha 5 de mayo, se recibe su informe, en el que dice «que el a uisto 
por dos beges el sitio los vndimientos casas y muralla del sitio de la puerta 
gerrada... y en quanto al derriuar de la muralla digo que conbiene por las 
causas dhas... y en quanto a las causas que an sido ynstrumentos deste daño 
dige que el a entrado deuaxo de las casas próximas de vn lado y otro del 



3 Libro III, cap. LVII. 



arca del agua y que la casa que es oy taberna tiene muchos senos y tránsitos 
profundos que no solamente ban por deuajo de las casas del confitero y mas 
ynteriormente como consta de lo fabricado y la casa de arriua del confitero 
no tiene fabricado deuaxo de tierra cosa que pare perjuigio a la muralla y arca 
de agua porque sus cueuas sienpre caminan a la parte que antes era estra- 
muros desta villa solo ay alli vn sudadero tan tenue que en vna tinaxa pe- 
queña lo coxe el que tiene la confitería por yvitar los daños que le pueden 
suceder a las mercaderías que alli tiene para el dho su oficio y quando la 
tinaxa se ba ynchiando lo gasta el qual remanente en el seruigio de su casa 
como en la cogina regar el patio y otras cosas tocantes al seruigio de la dha 
su casa. Y en quanto a la casa que oy es taberna dige que el fabricador del 
arca tubo obligagion quando la planto de mirar sobre que cargaua y que 
fundamento tenia... por que a mi xuigio las cueuas sótanos y otros concauos 
que tiene la casa de la taberna son mas antiguos que la fundagion del arca... 
Y esto baso del arca para el pesso de tan grande carga como ay de agua 
rrententa de la dha arca asta las tagas altas de la fuente que esta en la pla- 
gúela de la puerta gerrada era menester mas fortificagion en el arca y mejores 
encañados...» Firma: «Jer. mo frz. hurtado». 

No parece de acuerdo Fernández Hurtado con Cristóbal de Aguilera en 
responsabilizar solamente a los vecinos de los daños ocasionados en la mu- 
ralla. Cuevas y sótanos, en su criterio, eran anteriores incluso a la construcción 
de las casas del confitero y del tabernero. El primero nada había hecho bajo 
el suelo de su casa, donde apenas un «tenue sudadero» dejaba filtrar el agua 
que el propio confitero aprovechaba para su uso. Y en cuanto al tabernero, 
tampoco su responsabilidad era extrema ya que cuevas, sótanos y demás con- 
cavidades de la casa le parecían a Fernández Hurtado anteriores a la cons- 
trucción del arca de agua, y, por tanto, que gran parte de culpa correspondía 
al constructor del arca y contratista de la obra. 

Dos días más tarde de la presentación de este informe, el Corregidor or- 
denó se notificase al tabernero que ocupaba la casa — llamado Miguel de Ri- 
bera — que exhibiese los títulos que tenía, pero éste — al leérsele el auto con 
fecha 10 de mayo — dijo que la casa pertenecía a Felipe López de Oñate, 
proveedor de la Casa de la Reina, y tan mal debía estar ya e inhabitable, que 
«mañana la a de dexar por tener ya buscada otra casa». 

Se cierra así, seguramente con la destrucción de otro paño de la muralla 
madrileña, un capítulo más de la desdichada historia de su desaparición, 
jugando en éste — como hemos visto — también importante papel, junto al 
abuso de poseedores e inquilinos, la imprevisión y falta de responsabilidad 



por parte de contratistas y constructores, vicio éste también muy frecuente 
en las obras madrileñas. 

Lo que sí queda bien claro de la lectura de estas piezas judiciales es 
que poco había de llegar a nuestros días de aquellas ciento noventa to- 
rres de que habla López de Hoyos, del muro «de pedernal finísimo» que 
según Jerónimo de Quintana, cercaba nuestra Villa, considerando lo que 
sus habitantes venían haciendo en unas y otro y que lógicamente ha culmi- 
nado en su destrucción total. 

Esperemos que esos míseros restos que hoy subsisten puedan quedar 
al menos como mutilados testigos de lo que fuera inexpugnable cerco. 



10 —